Francisco, un “rockstar” de la vida

El papa es aclamado por los movimientos populares en Santa Cruz.| Foto: Raúl Barrios

Como si fuera una estrella de rock, con gritos, euforia, llanto y desesperación por estar cerca, tomarle una foto o por lo menos tener una mirada suya, la gente en Bolivia recibió a Francisco, el papa al que muchos llaman revolucionario, pero es solo “un hombre perdonado”.

En sus intervenciones públicas, muchas frases retumbaron, algunas para la reflexión personal o convivencia social y otras con un tinte más político como la referida al tema marítimo que causó reacciones tanto en Bolivia como en Chile; sin embargo, el fondo en todos sus discursos siempre fue  “esperanza”.

En Palmasola, cárcel de máxima seguridad de Santa Cruz donde más de 5.000 reclusos viven en hacinamiento, tres testimonios pusieron en evidencia la cruda la realidad de este centro penitenciario donde el olvido acecha cada día. Francisco escuchó atento y mostró su sencillez: “¿Quién está ante ustedes? Podrían preguntarse. Me gustaría responderles la pregunta con una certeza de mi vida, con una certeza que me ha marcado para siempre. El que está ante ustedes es un hombre perdonado. Un hombre que fue y es salvado de sus muchos pecados. Y así es como me presento”, dijo con una franqueza plena ante la multitud.

De frente con la realidad, el papa reconoció el mundo imperfecto en el que la injusticia quiere   vencer. “He podido comprobar cómo el dolor no es capaz de apagar la esperanza en lo más profundo del corazón, y que la vida sigue brotando con fuerza en circunstancias adversas”.

Siempre quedan fuerzas para volver a empezar, porque “reclusión no es exclusión”, les dijo Francisco, encontrando de inmediato empatía que fue expresada con un aplauso.

En su apretada agenda, cada una de las actividades tenía tiempo de duración; mientras dejaba a algunos, otros lo esperaban. No se sabía a quién saludaría, qué diría o qué vida tocaría.


Sor Olivia fue una de las afortunadas, una religiosa de 27 años de la congregación franciscana argelina que tocó la batería en el evento en el que el Santo Padre se reunió con representantes de la Iglesia para hablar de la vida consagrada.

Durante su discurso el papa tomó como ejemplo a Sor Olivia para referirse a aquellos que se hacen sentir: “Bartimeo estaba al borde del camino, más exclusión imposible, y cuando se enteró del paso de Jesús, comenzó a gritar. Se hizo sentir, como esa buena hermanita que con la batería se hacía sentir, y decía aquí estoy”. En ese momento el Papa la miró y la saludó con la mano diciendo: “¡Te felicito, tocas bien!”. Esta mención inesperada causó la alegría de la hermana que definió el momento como “un regalo del Señor”, reafirmando su amor por la música.

Otra linda historia fue la del pequeño policía Rilver Aramayo Quiroga, el niño enfermo de cáncer que fue nombrado subteniente honorífico, y que pudo entregarle al Papa su gorra de la institución verde olivo.

Una historia más mediática, la de  Fabricio Jiménez, el pequeño  vestido de machetero, que ocupó varias portadas de prensa después de la llegada del papa con un efusivo abrazo.

Más crítico fue su discurso ante los movimientos populares cuando pidió humildemente “perdón no solo por la ofensas de la Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”, una vez más apelando a continuar porque la “esperanza no defrauda”.

Ovacionado siempre, el Obispo de Roma logró en cada mensaje crear el ritmo perfecto para mantener viva la atención.

El Papa “armó lío” en su visita a Bolivia, pero seguro la pregunta es ¿ahora qué? Vino un hombre que cautivó y… la vida continúa. En esa lógica para saber si hay algo diferente, las muchas señales pueden dar una respuesta: “dejó esperanza”, aquella a la que siempre se recurre cuando el encierro, la discapacidad, la falta de dinero o la tristeza quieren vencer.

Francisco no da conciertos ni firma autógrafos, pero sus mensajes son como escuchar nuestra canción favorita, despierta emociones y es aclamado; incluso por aquellos no católicos que encuentran empatía en su forma de pensar y de hablar, de frente y sin miedo, como solo lo haría alguien que tiene certeza plena de cada palabra.

"Y, por favor, les pido que recen por mí. Y si alguno de ustedes no puede rezar, con todo respeto, les pido que me piense bien y me mande buena onda."




Comentarios

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